Por Hedelberto López Blanch.- Rebelión
En muchas y diferentes esferas la República Popular de China (RPCH) va dejando atrás el largo período que navegó como país en vías de desarrollo y hoy emerge, con rapidez y denodada fuerza como una superpotencia económica mundial.
Sus avances en los dos últimos decenios la han llevado a ocupar el cuarto lugar del orbe con respecto a su Producto Interno Bruto (PIB) hecho que hasta hace poco era cuestionado por incrédulos analistas occidentales.
Muchos se preguntaban cómo un país atrasado, con 1 300 millones de habitantes, baja tecnología y mínima superestructura para enfrentar los grandes retos nacionales, podría superar esos escollos.
A la par que el desarrollo se observa en muchas partes de ese enorme territorio asiático con 9 596 961 kilómetros cuadrados, también la población comienza a disfrutar de mejores condiciones de vida en cuanto a su poder adquisitivo, la atención a la educación, la salud y la vivienda.
Según cifras oficiales del Banco Mundial emitidas en abril de 2006, China con 2 529 563 dólares de PIB se ubicó en cuarto lugar mundial, detrás de Estados Unidos (13 228 391 millones), Japón (4 420 955 millones) y Alemania (2 752 612 millones).
En quinto lugar aparece Gran Bretaña con 2 229 138 dólares y le siguen en este importante índice Francia, Italia, Canadá, España y Brasil, que integran los diez primeros del planeta.
El Producto Interno Bruto no es más que el valor total de la producción de bienes y servicios finales dentro de un país durante un período determinado que casi siempre se mide por trimestre, semestre o por año.
El PIB es la forma más importante para permitir el análisis y el cálculo de la capacidad productiva de la economía y a la par ofrece una forma rápida y sencilla de información global sobre la producción y generación de riqueza de un país, aunque también tiene deficiencias.
Entre estas aparecen que solo mide un período sin contar la producción y la riqueza acumuladas de esa nación y que en muchas ocasiones ofrece datos difusos sobre el bienestar general de la población. Por ejemplo, en Estados Unidos hay más de 45 millones de pobres a pesar de su elevado PIB.
Los avances logrados por la RPC en casi todos los aspectos económicos comienza a poner nervioso a la primera potencia mundial que con una población de 297 millones de personas, mira con recelo al gigante asiático.
Beijing supera a Washington en muchos renglones como la producción total de acero (260 millones de toneladas por 104 millones en 2004), un indicador clave del desarrollo industrial pues en esa nación se edifican anualmente numerosas fábricas, carreteras, aeropuertos, complejos habitacionales, obras sociales y deportivos, entre otras muchas construcciones.
En ese indetenible y profuso desarrollo China también sobrepasa a Estados Unidos en el consumo de aluminio, cobre, níquel, así como de nitratos, fosfatos y potasa utilizados como fertilizantes en su extendida agricultura.
En relación con el petróleo, que en los momentos actuales alcanza el alucinante precio de casi 80 dólares el barril, Washington supera en más del triple a la nación asiática pues el primero consume 22,8 millones de barriles diarios mientras el segundo 6,7 millones.
Pero China se abre paso con fuerza en la rama electrónica y ya supera a Estados Unidos en la utilización de teléfonos móviles por 269 millones a 159 millones y se estima que en pocos años lo alcance en la utilización de ordenadores personales. También lo sobrepasó en el uso de electrodoméstico como refrigeradores, neveras, televisores y ventiladores.
Si estas cifras resultan preocupantes para Washington, hay otra que le produce pavor por las consecuencias que puedan provocar: El Banco Central chino anunció que sus reservas internacionales se ubicaron en 941 000 millones de dólares y se convirtieron en la mayores del mundo, por delante de las de Japón.
En los primeros seis meses del año, el superávit comercial de esa nación fue de 61 400 millones de dólares y se estima que antes de concluir 2006, la suma llegará al millón de millones de dólares.
Las reservas han crecido en los años recientes porque el Banco Central, para contener el valor del yuan ha comprado la mayor parte de los dólares generados por un superávit comercial en expansión, por la inversión extranjera directa y los capitales especulativos.
La nación asiática es una de las principales compradoras de los débitos de Hacienda estadounidenses, o sea, de las letras del Tesoro, lo que le permite a Washington tener un respiro ante el enorme déficit fiscal que tiene desde hace varios años.
La RPCH también mantiene en ascuas a la potencia norteamericana pues si se decidiera a cambiar parte de sus reservas en euros, el dólar bajaría más su valor, pero esto también perjudicaría a las ventas y exportaciones chinas al mercado estadounidense y por tanto no sería factible esa medida.
A China aun le queda mucho camino por recorrer en cuanto a nivel tecnológico, consumo per cápita de la población y otros índices micro y macro económico, pero lo cierto es que en el horizonte cercano ya se comienza a ver la punta del iceberg de una superpotencia. |